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FOUCHÉ, Stefan Zweig

 

FOUCHE, Stefan Zweig

Zweig es el más grande escritor del habla germana, poseedor de una alta sensibilidad y de estilo exquisito. Cuando uno comienza a leer uno de sus libros no deja de terminarlo y, después de tiempo, vuelve a releerlo. Su estilo es la penetración de un bisturí en el alma humano. Su campo de acción son las profundidades del espíritu humano, en el cual ausculta para decirnos, cuales son las raíces de las grandezas o miserias de unos u otros.

Nació el 28 de noviembre de 1881 nada menos que en Viena, ciudad culta, multilingüistica y multiétnico, en el que la población judía destacaba  en los negocios como en el terreno intelectual, de ellos tenemos a Freud, Kafka, entre otros grandes intelectuales. Los Sweig era uno de ellos.

Su formación académica lo realizo en  en la Universidad de Viena, interesándose desde entonces en la literatura, tanto desde un punto de vista crítico como creativo.  En 1904 obtuvo su doctorado con una tesis sobre La filosofía de Hippolyte Taine. Reside un año en París. Después vive en Londres y viaja por España, Italia, y Holanda. Visita la India, Norteamérica y Panamá. En 1919 vuelve a Austria.

Finalizada la I Guerra Mundial, se radica en Salzburgo donde escribe biografías, con las que consigue fama, narraciones, novelas cortas y ensayos. Con la llegada de los nazis al poder en Alemania, escapa a Gran Bretaña en 1934. Después viaja a los Estados Unidos en 1940 y luego a Brasil en 1941. Se suicidó en Petrópolis, Brasil, el 22 de febrero de 1942.

FOUCHE (1929), retrato de un hombre político

Zweig en este trabajo demuestra su maestría al retratar la psicología del político en su estado puro. Para ello se sirve del gran escritor, el francés Honore Balzac, que en su novela “un asunto tenebroso” reconoce la genialidad de Joseph Fouché como político. Que en una época cruenta, como la revolución francesa, se mantuvo en el poder y conservo la cabeza intacta, en el que la tormenta lo arrasara todo, mientras que otros fueron derrotados y sus cabezas rodaron bajo la cuchilla de la guillotina. Mantenerse en el poder y conservar la cabeza en esas circunstancias es una obra de genialidad, en ello lleva de razón Balzac.

Los aspectos fundamentales que subraya Zweig en el político son:

Su formación, Fouché es formado por la Iglesia, “esa potencia milenaria, infinitamente superior en conocimiento del mundo”. Allí aprende “sobre todo la técnica del saber callar, el arte magistral de la autoocultación, el magisterio de la observación de las almas y la psicología.” Además,  la férrea autodisciplina y el autodominio “su voluntad ha sido largamente amasada por los ejercicios de Loyola”. Como también, el arte de hablar, “su discurso se ha adiestrado en las discusiones del centenario arte de los sacerdotes antes de subir a la tribuna del escenario mundial”. En la iglesia o en cualquier otro lugar, el político, tiene que aprender la ciencia y el arte de conocer a los hombres. Tener el olfato para percibir por dónde van los vientos de la sociedad.

Tener una posición política, para tener sus futuros adeptos, en el caso de Fouché “se casa a toda prisa con la hija de un adinerado comerciante, una muchacha fea, pero acaudalada. Es decir, se vuelve burgués, por que percibe que será la clase dominante en adelante.

Tener liderazgo, para ello se presentara como candidato. Como tal, lo primero que hace es prometer, hablar todo lo que sus electores desean oír. “Así que Fouché jura proteger el comercio, defender la propiedad, respetar Las leyes”.

Trabajar incansablemente, pobre de aquel que se distraiga, pretenda tener vida “normal”, su derrota esta cantada y tal vez su cabeza rodara.

Nunca caer en la provocación, tener sangre fría, “los nervios no lo dominan, los sentidos no le seducen, toda su pasión se carga y descarga bajo la impenetrable pared de su frente”. Su pasión es la intriga y su arma la astucia, “golpear de manera asesina, sin ser esperado y sin ser visto, es su táctica”. “su talento desborda al genio, su sangre fría sobrevive a toda pasión”.

No comprometerse con nadie, “el mira y espera, porque sabe que solo cuando los apasionados se hayan aniquilados mutuamente empezara el tiempo de los pacientes y los astutos. Fouché nunca se decidirá del todo hasta que una batalla este decidida”. “una revolución, este experimentado precoz lo sabe, no pertenece nunca al primero, al que la empieza, sino siempre al último, al que la termina y se la queda como botín”.

 

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